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Artículo: Jorge Martín

Fotografías: J.M.

La misma mañana de primeros del mes de septiembre en la que hice la visita a Laveguilla, la primera bodega en instalarse en Olivares, acudí a una de las últimas en hacerlo. Viña Valdemazón nació en el año 2006 como un proyecto de bodega familiar y a día de hoy trata de crecer en el ya bastante congestionado mundo vitivinícola, elaborando dos variedades de vino, el tinto y el rosado.

 

Como ya comentaba en el primero de los artículos sobre las bodegas de la villa, Laveguilla ya me resultaba familiar ya que trabajé en la vendimia del 98. En el caso de Viña Valdemazón podemos decir que las instalaciones, y no me refiero al contenido sino al continente, me son aun más conocidas. Y es que buena parte de mi infancia la pase en la casa número 3 de la Plaza Sur, donde mis abuelos paternos residieron hasta la jubilación. Mi abuelo Eustasio, que en paz descanse, fue el encargado de las tierras en las que, ahora en parte, se asientan las viñas de Valdemazón. Es por ello por lo que conozco muy bien los almacenes, cuyas traseras al abrirse miran directamente hacia la vecina Quintanilla, y en las que cuando era niño se amontonaban los tractores Massey Ferguson, la maquinaria agrícola y los granos de cebada.

En la actualidad se ha acondicionado la parte derecha de estos almacenes para albergar las instalaciones de elaboración de sus caldos, por supuesto con Denominación de Origen Ribera del Duero. Nada más entrar tenemos una sala en la cual se reciben las uvas recolectadas en la vendimia, que se hace de forma tradicional sobre una superficie que ronda las cuatro hectáreas de viñedos propios, transportando los frutos de los viñedos en cajas de 20 kilos.

Ernesto Martín, nieto de los propietarios de la finca y antiguo compañero de instituto, me enseñó amablemente las instalaciones, coquetas pero con la última tecnología para la fermentación de sus vinos. Nada más entrar nos topamos con una parte de la nave que sirve de almacén y también de bienvenida para las uvas, ya que es aquí donde éstas se depositan, una vez recolectadas, sobre una pequeña cinta en la cual manualmente son seleccionadas. Posteriormente se separa el fruto del esqueleto y se empiezan a rellenar los depósitos en los que se producirá naturalmente la fermentación.

 

Tras atrevesar una puerta entramos en otro recinto de la nave en el que se encuantran los depósitos de 5000 litros de capacidad. Son unos cinco depósitos que por supuesto cuentan con un sistema de refrigeración para evitar el calentamiento del proceso de fermentación. Un proceso que por otra parte parece garantizado gracias a las medidas adoptadas en Valdemazón para evitar el calentamiento de las instalaciones, las cuales cuentan con unas cubiertas aislantes y unos suelos antideslizantes de resina muy propios para estos recintos de elaboración. En el otro extremo de la nave se encuentra también la maquina embotelladora.

 

Es precisamente al lado de esta máquina donde se encuentra el acceso a la parte más bonita de la bodega, la sala de barricas. Si en la mayoría de estas bodegas de la Ribera del Duero nos encontramos con unas instalaciones más o menos modernas, en este caso la sala de maduración y envejecimiento de los vinos de Valdemazón cuenta con el atractivo de ser un espacio completamente rural. Las barricas aparecen agolpadas ocupando un espacio que en su día formó parte del antiguo caserío. Este espacio conserva su esencia, con los antiguos muros de adobe que son ideales para mantener la temperatura de las barricas, y con unas cubiertas de madera restauradas para la ocasión.

 

 

En este caso son apenas una treintena de barricas de roble francés de Allier, cuyas maderas aportan aromas que complementan a los ya de por si propios de la variedad tempranillo. Los vinos que comercializan maduran en torno a diez meses en estas barricas para después pasar al reposo horizontal en botellas hasta que se sean distribuidas para su posterior venta en un mercado en el que, poco a poco, Viña Valdemazón va abriéndose camino.

 

 

NOVIEMBRE 2009