EL SAGRARIO

DE LA IGLESIA

DE SAN PELAYO

Este es el estado actual en el que se encuentra el sagrario, ya restaurado y que en estos momentos está depositado en los talleres de restauración de la Fundación de Las Edades del Hombre.

Lo que corona el sagrario en esta obra es una talla de San Pedro, que aparece sentado en su trono, con un libro en una mano y en la otra la parte inferior de las llaves del cielo, cuya parte superior se perdió con el paso de los años en esta imagen y que son su símbolo por excelencia.

Aparece coronado con la triple corona papal, representando al que fue el primero de los papas del Cristianismo.

Esta pequeña talla se encuentra en la actualidad en la iglesia, concretamente detras de la mesa del altar, a los pies del retablo.

Por tanto es la única parte del sagrario que tenemos a día de hoy en la villa, a la espera de que lleguen los dos cuerpos restantes una vez que ya han sido restaurados.

La talla corresponde con la foto que se ve a la izquierda, justo debajo he incluido la única imagen que tengo del retablo de San Pelayo antes de que fuera desmontado en los años 80 para su restauración. En este caso nos es de gran ayuda ya que en ella se aprecia el lugar que ocupaba hasta esa fecha el sagrario, justo a los pies del retablo, a la altura de la predela. En esa posición casi tapaba parte de las pinturas de la predela, como la del profeta David, uno de los mejores óleos.

Aunque en la imagen no se ve demasiado bien, si que se aprecia que el sagrario del que estamos hablando tiene dos cuerpos y un remate que llegaba literalmente a los pies de la escultura de San Pelayo. En la foto, para verlo mejor, os he indicado con unas flechas esa talla de San Pedro que corona nuestro sagrario.

 

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En el apartado dedicado a La Iglesia os enumeraba los numerosos bienes artísticos que atesora nuestra parroquia de San Pelayo y que afortunadamente durante los últimos años se han venido recuperando mediante diversas actuaciones, algunas de ellas habilitando espacios dentro del propio templo (caso de la redescubierta capilla sur, antigua subida al campanario) y en otras ocasiones restaurando las propias obras (como por ejemplo el cristo de Juan de Juni que ahora se ve en la entrada a la sacristía).

El sagrario renacentista de la iglesia de Olivares de Duero ha sido una de esas obras que ha tenido que abandonar nuestra villa para que la restauraran ya que su estado empezaba a ser más que preocupante desde antes del año 2005. Precisamente fue ese año, en torno al mes de febrero cuando la obra se dirigió hacia los talleres de restauración del Monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena. Por aquel entonces pude ver el sagrario en dichos talleres y la verdad es que su estado asustaba, de hecho la policromía del cristo resucitado que aparece exculpido en la puerta se caía a pedazos. La última vez que vi el sagrario estaba ya en pleno proceso de restauración, cubierto en plásticos para aislar y axfisiar a los posibles "inquilinos" del mismo, entre otros los temidos xilófagos que casi nos quedan sin retablo mayor.

 

 

Y como se ve en la foto el sagrario es una auténtica obra de arte, plateresco del siglo XVI, dividido en dos cuerpos que imitan arquitecturas clásicas. Como remate en estos sagrarios llega a ser algo habitual adornarlo con una cúpula de medio punto, sin embargo este no es el caso.

 

 

Analizando artísticamente el sagrario, en el primer cuerpo destaca sobre todo la tapa, tanto por fuera como por dentro. En la parte exterior aparece un relieve con la figura principal de Cristo Resucitado, un tema que se repite con bastante frecuencia en este tipo de obras. La figura destaca por su culto al cuerpo. Una casi imperceptible túnica dorada sirve para cubrir las partes mas delicadas, dejando el resto al desnudo. El fondo muestra decoraciones geométricas en colores dorados. La imagen aparece bajo una leve hornacina de medio punto en la que se pueden ver los putti, ángeles niños que también se repiten en el friso que remata este primer cuerpo y en la base. Esta abundancia decorativa de putti nos está diciendo claramente que estamos ante una obra de estilo plateresco, de mediados del siglo XVI, por tanto del mismo estilo que el retablo de San Pelayo.

En la foto inferior se puede ver el sagrario con la puerta abierta, dejando ver como se decoró profusamente el espacio reservado a las formas sagradas. La parte interior de la tapa que antes hemos comentado aparece con una pintura al óleo en la que de nuevo se repite el tema de Cristo Resucitado, siendo esta vez el momento en el que Cristo se levanta de su tumba victorioso ante la presencia de los soldados romanos que custodiaban su sepulcro. En la parte interior del sagrario aparecen diversos temas vegetales en motivos azules y dorados.

Lástima que no se conserven las tallas exentas que se situaban bajo las hornacinas de los laterales de este primer cuerpo, figuras que corresponderían con toda seguridad a San Pedro (al que se identificaría por las llaves) y a San Pablo (normalmente representado con una espada entre sus manos).

 

 

En el cuerpo superior de nuevo aparecen tres hornacinas con bajorelieves, los laterales con personajes desnudos, un poco toscos, y el central con la imagen de la Piedad, la Virgen María sosteniendo el cuerpo de su hijo muerto.

Como os decía al principio de este artículo el sagrario fue restaurado en el año 2005 en los talleres del Monasterio de Valbuena, terminándose su restauración ese mismo año. Sin embargo la obra sigue en dichos talleres y no tiene pinta de que los abandone en una fecha próxima, algo que los olivareños tenemos que saber y concienciarnos de que debemos reclamar a las administraciones competentes la vuelta del sagrario a nuestra iglesia. Como ya sabemos la Fundación de las Edades del Hombre realiza exposiciones en las diferentes diócesis de Castilla y León con obras de arte que pertenecen a su patrimonio cultural. En este sentido la parroquía de San Pelayo ha aportado varias obras para ser expuestas en diversas expociciones, por ejemplo el Cristo Crucificado de Juan de Juni y la pintura de San Juan Evangelista, obra de Juan Soreda, perteneciente al guardapolvo derecho del retablo mayor de la iglesia. Por aquel entonces era práctica habitual el que a cambio de un determinado préstamo, a forma de agradecimiento por parte de la fundación, se restaurara una pequeña obra del prestador, siendo a veces la propia obra prestada la que se restauraba. En este caso podemos entender que el sagrario de Olivares fue moneda de cambio, y hasta ahí nada que no sea habitual. Sin embargo el problema con el que nos encontramos en la actualidad es el que se originó el año de la restauración, en el 2005. Ese año la fundación cambia de Secretario General y la devolución de la obra se paraliza ya que el nuevo secretario exige que la restauración se pague, al entender que fue un compromiso de su predecesor. Al ser un compromiso que en su día fue sólo de palabra y al no haber lógicamente ningún documento escrito la obra permanece en la fundación hasta que se produzca el pago (cuya cantidad desconozco). Esperemos que este problema se solucione cuanto antes y que podamos volver a ver de nuevo el sagrario en la iglesia de San Pelayo.

 

 

JUNIO 2009