
La precariedad de la bóveda ya había provocado ciertos daños en el retablo, de forma que su desmontaje era ya una necesidad urgente. Nieto Pérez asume dicho trabajo a partir del 26 de marzo de 1982, prolongándose las obras hasta el 25 de mayo, cuando el restaurador emite el informe correspondiente a los trabajos realizados. Fue también dicho restaurador el que presentó el 20 de octubre de ese mismo año el proyecto de conservación a la Diputación Provincial. De esta manera, cuando ya se habían solucionado todos los trámites pertinentes, Nieto Pérez se encaminó hacia el laborioso trabajo de restauración del retablo de Olivares de Duero.
El estado del retablo era muy preocupante, con una grave infección de xilófagos, cuyo origen debía de ser ya antiguo, al encontrarse con diversas restauraciones anteriores donde se trató de solucionar esta infección mediante vaciados de escayola en columnas y otros elementos del retablo. El restaurador detectó la presencia de dos tipos de xilófagos:
ANOBIUM PUNTATUM. Una carcoma que ataca tanto a coníferas como a frondosas. Suele ser la más frecuente en leños viejos. Larvas de hasta 6 milímetros.
HYLOTRUPES BAJOLUS. Más destructor ya que su madera favorita es el pino, la utilizada para este retablo. Puede vivir hasta seis años.
Ambos se alimentan extrayendo de la madera la celulosa, el almidón y el azúcar.
El 26 de enero de 1987 se convocó una reunión en la Sala de Juntas de la Delegación Territorial de Valladolid para analizar la situación tras el robo. A ella asistieron personalidades como el propio restaurador D. Mariano Nieto, el alcalde y el párroco de Olivares, D. Jesús María Parrado del Olmo –por parte del Departamento de Arte de la Universidad de Valladolid – y otros muchos. Todos ellos vieron la urgente necesidad del acondicionamiento de la iglesia para poder ensamblar el retablo.
En este mismo año se procedió al zunchado de los cimientos del edificio, reforzándolos con 8 toneladas de hierro e inyectando hormigón. En cualquier caso las obras de acondicionamiento del ábside se paralizaron durante varios años, hasta que finalmente se realizó una convocatoria en noviembre de 1996 por parte de la Diputación, para su ejecución. El 28 de febrero de 1997 D. Carlos Descalzo Llorente concluye su proyecto, que incluiría la consolidación de la bóveda, el desmonte de las maderas existentes en el muro absidal, el sellado de grietas y fisuras, y la preparación de una plataforma para el altar y un pedestal para el retablo. El presupuesto general aprobado en el convenio asciendió a 16.854.613 ptas.
La compañía restauradora del retablo comunicó por escrito a la Diputación el 5 de abril de 1998 que se procedería al traslado del retablo, desde la Catedral de Valladolid hasta la iglesia de San Pelayo de Olivares. Volvía por tanto el retablo al pueblo, cuando pasaban algo más de diez años desde el grave expolio.
Todo el patrimonio histórico-artístico debe de ser conservado. Esta es una premisa con la que debemos contar en todo momento si hablamos de obras de arte. Después del ensamblaje del retablo, que tuvo lugar hacia 1526, este empezó a deteriorarse poco a poco, con el paso de las décadas. Es muy probable que durante los siglos XVII, XVIII y XIX se realizaran diversas actuaciones en el retablo que ayudaran a su mejor conservación.
Ahora bien, llega un momento en el que esa conservación a la que es sometida la obra de arte ya no es suficiente porque empieza a dañarse gravemente. Es entonces cuando entramos en el ámbito de la restauración, ese proceso de recuperación de nuestro legado que es aplicado como último recurso, cuando los cuidados de conservación ya no son suficientes para asegurar la pervivencia en el tiempo de ese bien cultural.
El retablo de Olivares no fue una excepción, y llegó un momento en el que fue necesario la intervención ya que si no la estructura del mismo podía verse en peligro. A continuación veremos una relación de fechas que nos ayudarán a comprender los factores externos e internos que hicieron posible que se llevase a cabo la restauración del retablo, y veremos en que consistió el proceso seguido en dicha restauración. Una fecha importante fue el 18 de marzo de 1976, cuando se produjo una inspección de la iglesia por parte del Aparejador Diocesano, que en su informe anota la aparición de graves defectos estructurales en el edificio, haciendo una primera valoración de 3.450.000 ptas. como presupuesto mínimo para su solución. Las obras no comenzaron sin embargo hasta 1981, un año en el que se producen además ciertos desprendimientos en la techumbre. Esto fue razón suficiente para que el arzobispado autorizara el 8 de octubre de ese año desmontar el retablo por el peligro que suponía para el mismo.
Además, el retablo necesitaba una restauración urgente, de forma que el 19 de noviembre se firma un convenio entre el Ministerio de Cultura, la Dirección General de Bellas Artes y la Diputación Provincial de Valladolid para acometer dicha restauración. Va a ser D. Mariano Nieto Pérez, restaurador del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, quien emita el uno de diciembre un informe del estado actual del retablo, en el que se refleja también un presupuesto de 289.204 ptas. de actuación inmediata.
De la misma forma el estado de las pinturas también era preocupante, sobre todo las del lado del Evangelio, que sufrían una mayor humedad. En general habían sido sometidas a actuaciones anteriores no demasiado acertadas.
La parte estructural del retablo también se trató, procediendo a la limpieza y consolidación de todas las piezas. La madera fue consolidada y se limpiaron policromías y dorados. Se realizó de igual manera una reconstrucción de las partes más importantes del retablo. Así, a principios del siglo XX se realizaron varios implantes de escayola, siendo sustituidos en este momento por piezas de madera del mismo tipo que el original. La unidad y armonía del conjunto se veía reforzada con esta actuación, sustituyendo los forzados implantes de principios de siglo.
El calvario también sufría deterioros de importancia. En este caso las tallas de Cristo, la Virgen y San Juan, de madera de nogal, no presentaban ningún tipo de afección por xilófagos. Sin embargo, había dos elementos principales que la estaban dañando que son, los excrementos de aves y el barniz aplicado, ambos con incidencias abrasivas sobre la policromía original. También fueron detectados otros defectos, como la pérdida de cuatro falanges de la mano derecha de San Juan, aunque en la restauración no se procedió a su reimplante. El barniz es una solución que aplicada sobre diversas superficies provoca a la larga un oscurecimiento de la misma. Dentro del campo de la restauración es uno de los problemas más frecuentes, pero no siempre se decide actuar de forma drástica, eliminando las pátinas o tonos oscuros que adquiere la superficie barnizada. En este caso se decidió con buen criterio no eliminar la pátina generada en estas tallas. La talla de la Virgen presentaba un buen estado de conservación, limitándose la actuación a una consolidación de la policromía y a una leve limpieza de la misma. La talla de San Pelayo también es de nogal, pero presentaba mayores complicaciones. Al tallarse casi en una misma pieza, la talla presentaba agrietamientos, al igual que ciertos repintes en pecho y mangas. Las tablas pictóricas también presentaban cierto ataque de xilófagos, con lo que se procedió a su eliminación. Más inquietante fue la eliminación del barniz aplicado a las pinturas. En ciertos casos se llegó a fundir el barniz con los aglutinantes, de forma que se llegaba a perder el color original.De esta manera se llevó a cabo la restauración, durante algo más de tres años. De todos modos, no era esta la única actuación que se venía realizando sobre el patrimonio de esta villa durante esos primeros años de la década de los ochenta. La restauración del retablo no serviría de mucho si antes no eran solucionados los problemas estructurales de la iglesia. En esta línea, en 1984 se decidió desmontar la techumbre, bajo la dirección de la Diputación de Valladolid. No cesaron sin embargo los problemas ya que un año después fueron detectadas unas grietas muy inquietantes en uno de los muros laterales. Ya se había comunicado de esto a las autoridades competentes cuando dichas grietas se extendieron también a la pared frontal del ábside, siendo estas de hasta 10 cm de abertura.
1986 viene marcado por la aprobación el 11 de febrero – por parte del Consejo de Administración de la Institución Cultural Simancas – de la realización de una exposición de las tablas y tallas recientemente restauradas. Fue a propuesta del consejero D. Martín González. Finalmente se produjo la muestra en la Sala de Exposiciones del Palacio de Santa Cruz, entre el 17/12/86 y el 09/01/87. Una vez terminada esta exposición, con una notoria afluencia de público, el retablo se encaminó hacia su lugar de origen. Poco después se produjo el expolio de diez de las 51 tablas del retablo.
El 18 de junio de 1998 la compañía Pátina S.L. da por concluidas las obras, cuando faltaban apenas ocho días para las fiestas en honor a San Pelayo. Finalmente se produce la misa de inauguración del retablo, el 26 de junio, a las 13:30 horas, en una ceremonia oficiada por el Arzobispo de la Diócesis de Valladolid, D. José Delicado Baeza.
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