
El retablo de San Pelayo está compuesto por un total de 51 tablas – en realidad son 50 ya que falta la del profeta Balaán, que se situaría en la predela -, pertenecientes a Juan Soreda y su taller. Son pinturas sobre tabla, utilizando la técnica del óleo, la cual fomenta el brillo de los pigmentos. Las tablas de la predela son casi cuadrangulares, de 70 por 80 cms. Algo mayores son las tablas de los tres cuerpos, de 110 por 82 cms, excepto las pinturas de los ángulos salientes.
En gran parte de las pinturas nos encontramos con unas claras influencias italianas, con recuerdos de Leonardo da Vinci, Rafael Sanzio y Miguel Ángel. Sin duda alguna Juan Soreda y su taller debían de conocer de primera mano las obras de estos artistas. El taller también debía de estar dotado de una importante colección de estampas, que reproducirían en parte la obra de estos grandes artistas del Cinquecento italiano. Serían estas estampas las que guiarían a un taller que sin duda ayudó a este maestro en la ejecución de este retablo de Olivares. Es quizá por ello por lo que autores como Martín González han resuelto – tras realizar el conveniente estudio del retablo – que las pinturas de Olivares presentan varios estilos, quizás provenientes de diferentes maestros. De esta forma, Martín González establece la siguiente clasificación: MAESTRO I: Hay un claro estilo miguelangelesco, con el desnudo humano como protagonista, basado en los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina. Esto se aprecia claramente en las pinturas del Rey David, la Sibila Frigia, y en otras alusivas a la tortura y decapitación de San Pelayo. Son desnudos que siguen unas composiciones retorcidas, con un movimiento de tensión interior, siendo cuerpos de anatomía musculosa. Esto mismo se aprecia en las pinturas de María Egipcíaca, María Magdalena y Santiago Apóstol. Soreda sería este primer maestro.
Martirio de San Pelayo, detalle. MAESTRO II: En este estilo se pueden observar unas figuras de volúmenes marcados, si bien lo más característico es el suave esfumato que difumina los contornos de los personajes, por influencia directa de la obra de Leonardo. Se aprecia este difuminado en los profetas de la predela y en el resto de escenas de San Pelayo. De igual forma también se observa el influjo leonardesco en los temas de la Anunciación, Coronación de la Virgen, Presentación, Descendimiento y San Agustín.
Profeta Geremias, en la predela y Descendimiento, en el tercer cuerpo. MAESTRO III: En el resto de escenas de la vida de Cristo se aprecia un estilo más español, con una gama de colores terrosa y un dibujo poco preciso. Camino del Calvario, tabla y detalle.
En cualquier caso todo parece indicar que se trate de un retablo realizado por un mismo maestro, eso sí, con un marcado eclecticismo ya que recoge gran variedad de influencias, tanto italianas como españolas. Lo que sí que es cierto es que hay elementos que son muy unitarios, como es la idéntica composición de las figuras de la predela, si bien las tablas de la Sibila Frigia y del Rey David tienen una mayor fuerza expresiva. Seguramente que es más acertado el pensar que Soreda concibió la ejecución de este retablo en un momento en el que todavía estaba abrumado por el arte de los grandes maestros italianos. Es por ello por lo que adoptó un claro estilo ecléctico, mezclando influencias de Leonardo, Rafael, Pedro Berruguete, Juan de Flandes y sobre todo de Miguel Ángel.
Profeta David y Sibila Frigia A pesar de ello apreciamos varias manos en las pinturas, quizá por la actuación de su taller. La zona de la predela es quizá la parte donde se ven unas influencias más claras. La musculatura típica del estudio anatómico que cultivó Miguel Ángel se contempla con claridad en la tabla del Rey David, que vemos en la fotografía inferior. Aquí, un niño se contorsiona hacia el rey, de forma que se ponen en tensión unos muy marcados músculos, excesivos para un personaje tan juvenil. Esto sin embargo es algo propio del italiano, tal y como se puede ver en su obra “La Madonna de la escalera”, donde el niño Jesús se gira también en un movimiento semejante, poniendo de manifiesto la desproporcionada musculatura.
Juan Soreda encuentra en el tema del martirio del santo un espacio perfecto para desplegar todo su conocimiento sobre anatomía humana, y a la vez dispone los cuerpos en torsión, de forma violenta. Es una especie de tensión interior de los personajes, que produce un efecto de torsión en los cuerpos, tal y como Miguel Ángel lo pudo aprender de la contemplación directa del Laocoonte, obra clásica que fue descubierta en Roma en el año 1506.
Además de ello, la disposición de los personajes de la predela – que aparecen en tres cuartos, con las filacterias que los identifican, sobre decorados fondos dorados – nos recuerdan a las tablas que Pedro Berruguete pintó en el retablo mayor de la Iglesia de Santa Eulalia, en Paredes de Nava (Palencia). La composición de los personajes, así como la utilización de vivos tonos rojos y verdes con calidad de esmaltes, están presentes tanto en esta obra palentina como en Olivares. Es por ello por lo que se sospecha que Juan Soreda debió de conocer la obra del palentino, e incluso pudo llegar a formarse en Palencia. Son estas unas tablas que destacan por su unidad compositiva.
Profeta Salomón y Profeta Isaias En el caso del retablo palentino se busca no obstante una mayor sensación espacial, con personajes que parecen disponerse tras una ventana, con elementos apoyados en el borde inferior de la misma y que sirven para introducir al espectador en la escena. En el retablo olivareño no aparece sin embargo esta preocupación espacial, ni tampoco el exhaustivo detalle con el que Berruguete trata los ropajes de los reyes de Judá. A pesar de todo existe una clara alusión a la obra de Pedro Berruguete. Otra de las influencias que se pueden apreciar es la del pintor Juan de Flandes. En la tabla de Cristo ante Pilatos se puede observar un modelo compositivo muy cercano a este maestro. La utilización de las piedrecitas en el suelo es uno de los rasgos que rápidamente identifican a Juan de Flandes, y que aquí se puede contemplar en varias pinturas.
Cristo ante Pilatos
Así mismo, y teniendo en cuenta que Juan de Flandes proviene de la escuela flamenca – caracterizada por el gran realismo y el detallismo minucioso de sus cuadros – podemos ver influencia suya en el tema del Martirio de San Pelayo. Aquí en uno de los cascos del verdugo aparecen reflejados los rostros de Abd al-Rahman III y un personaje desenvainando su espada. Esto muestra ese especial interés de los flamencos por representar fielmente la realidad, con todo tipo de detalles.
La reciente restauración permite contemplar un retablo que es un compendio de luz y color. Son colores brillantes e intensos, con imitación de jaspes y de mármol para las fingidas arquitecturas, y con personajes que visten ricas y vivas telas, con multitud de plegados. De forma individual caben destacar algunas tablas de las cuales se pueden extraer informaciones muy sugerentes: En la predela, además de la ya citada tabla del Rey David, destaca sobre todo la Sibila Frigia. Merece la pena realizar una comparación entre esta obra de Soreda y la Sibila Délfica (Delphica) que pintó Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina, entre 1508 y 1512. Dentro del conjunto de sibilas que este polifacético artista pintó para este recinto papal, es probablemente esta sibila la de mayor feminidad. A pesar de ello la musculatura siempre estará presente, aunque en este caso se suavizan las anatomías.
Sibila Frigia, del retablo de Olivares. A la derecha Sibila Délfica, de Miguel Ángel, Capilla Sixtina
Algo semejante es lo que ocurre en la Sibila Frigia, la cual adopta una anatomía robusta, aunque contenida. Ambas tienen una idéntica composición, sentadas como matronas romanas, portando un rollo que sostienen con su mano izquierda, elevada y dispuesta en dirección contraria a la mirada, que en el caso de la tabla de Olivares parece estar un tanto perdida en el infinito. El joven desnudo y musculoso que encontramos justo detrás de la Sibila Délfica es lo único que no está presente en nuestra tabla, dominada por el fondo dorado que da unidad a todas las tablas de la predela. Es quizá en esta tabla donde mejor se aprecian esos conocimientos que Soreda adquirió en Italia al contemplar la monumental obra de Miguel Ángel. La pintura alusiva a la Anunciación todavía tiene una composición influenciada por la tradición gótica tardía. De este modo aparece en la parte superior derecha un tondo con la figura de Dios Padre, el cual envía hacia la Virgen al niño Jesús. Se expresa así esta forma divina que tuvo la Virgen de concebir a Cristo. La dirección del niño se encamina hacia la oreja de María, algo ya visto en maestros flamencos como Flemalle.
A pesar de ello hay un cierto interés por buscar la espacialidad, con elementos como el florero del primer plano que nos introducen hacia el fondo.
La Epifanía es importante porque su composición está sacada directamente de una estampa realizada por Alberto Durero. La escena juega con una marcada estructura diagonal, con personajes volumétricos. Hay un cierto interés por el fondo espacial, situando un paisaje difuminado al lado de los personajes.
Epifanía o Adoración de los Reyes Magos, tabla y detalle
El tema anterior, el de la Coronación de la Virgen, tiene a simple vista un recuerdo de las formas más típicas de Rafael. El gusto por los tonos azulados y blanquecinos del cielo está presente, asemejándose en cierto modo a la “Transfiguración” del italiano. De nuevo se adopta una marcada composición diagonal.
Los ángeles portadores de los instrumentos de la Pasión destacan por su realismo. Se introducen los sentimientos y las pasiones humanas. No hay idealización ni alejamiento de los mismos. Son unas pinturas que se adaptan al estilo gótico expresivo de las tallas a las que acompañan. Son como vemos numerosas las influencias que atesoran estas pinturas, de forma que si en algo todos estaremos de acuerdo es en que forman un conjunto de un marcado carácter ecléctico, un compendio de los estilos italiano y español de ese primer tercio del siglo XVI.
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