LAS BODEGAS

Reportaje y fotos: J.M.

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Si hay algo típico de los pueblos de la meseta castellana son sus bodegas, y no me refiero a las numerosas empresas vitivinícolas que en los últimos años han sembrado el paisaje ribereño de plantaciones de uva y grandes edificios de elaboración y maduración del vino.

Las uvas han existido en estas tierras desde la llegada de los romanos a la península, incluso puede que antes dependiendo de las zonas y alcanzaron su máxima expansión con los monjes cistercienses durante la edad media.

Nuestros antepasados en Olivares de Duero, al igual que en otros pueblos, reservaban parte de sus tierras siempre que les fuera posible para el cultivo de viñas. Tras una vendimia familiar ellos mismos exprimian cada racimo y dejaban fermentar y madurar el vino resultante. De la necesidad de conservar este vino en óptimas condiciones, en lugares frescos y húmedos, nace una tipología de arquitectura popular, la bodega.

 

En Olivares la zona de las bodegas se encuentra a medio camino entre la Picota del Palacio y la Atalaya. Es una zona de subida en la que nuestros antepasados construyeron estas edificaciones subterráneas. En los mejores casos la bodega contaba con un edificio exterior, con sus muros y tejado a dos aguas, o a una si era más pequeña. Tras esta zona, un estrecho pasillo nos conduce a la zona de almacén. Estos pasillos excavados en la tierra se reforzaban con piedra rústica a los lados y sobre todo en la parte superior. Aquí las piedras en muchos casos han formado bóvedas por aproximación de sillares, algo parecido a las bóvedas de cañón, muy resistentes. La zona de almacén dependiendo de los casos podía ocupar una o varias salas, siempre abovedadas y con respiraderos para su ventilación.

Hace más de 25 años las bodegas de Olivares formaban un paisaje muy diferente al actual. En aquellos momentos era un sitio totalmente abandonado y realmente peligroso, para los niños sobre todo. A pesar de ello, y quizás por el misterio y el halo de aventura que en nosotros despertaba, era un lugar de recreo excelente.

A los pies del camino que sube a las bodegas, donde hoy hay plantados tres olivos, se agolpaban media docena de enormes cubas abandonadas. En horizontal, unas junto a las otras, servían de improvisado parque de atracciones. Tantas y tantas veces nos habremos subido a ellas, saltando de una a la otra, o nos habremos metido en ellas, en algunas con cierta dificultad para salir debido a su inclinación y resbaladizo piso de hormigón.

 

Hoy en día se han reutilizado como elementos decorativos, incluso hay una bodega con dos enormes cubas en vertical, creando un curioso pórtico de acceso a una de las modernas bodegas.

La calle principal era una subida fuerte, de camino muy pedregoso, no solo por el terreno en si sino también por los cascotes y sillares derruidos de las antiguas bodegas. Era como llegar a un pueblo fantasma, los edificios en ruina, muros a medio caer, etc.

Y no faltaba el peligro. Las entradas eran oscuras y resbaladizas, te podían precipitar al fondo de la bodega, donde muchas de ellas carecían de suficiente ventilación. A pesar de ello de niños, creo que puedo asegurar, todos hemos entrado en alguna de ellas. Curioso porque ahora si tuviera que entrar en alguna de las más abandonadas, ¡me lo pensaría dos veces!

Lo más traicionero si embargo eran las lucernas, orificios en la superficie que comunicaban con el interior de las bodegas. Eran respiraderos que a veces no estaban lo suficientemente protegidos.

En la actualidad las bodegas han experimentado un profundo cambio. El camino principal ahora está asfaltado, muchas bodegas han visto como sus antiguos y derruidos muros han sido levantados con ladrillos y piedra nueva. Y las antiguas lucernas han dado paso a chimeneas decorativas y vistosas. Algunas cumplen con su antigua función, y otros edificios simplemente son merenderos situados en este paraje. Ha pasado en Olivares, pero también en la mayoría de pueblos de la zona, podemos decir que esta tipología popular, de alguna manera, se ha recuperado.

 

 

ENERO 2012