
La iglesia se sitúa en una parte elevada del pueblo, ocupando un privilegiado lugar, dominando las vistas hacia la cuenca del Duero. Como viene siendo habitual en los edificios litúrgicos, el templo actual no fue el originario para la villa. Se sabe que existía un edificio anterior, con toda seguridad de unas dimensiones más reducidas, ya que aparece citado en torno a mediados del siglo XIV. En cualquier caso la villa afrontó la construcción de una nueva iglesia, probablemente en la segunda mitad del siglo XV. Las obras pudieron ser lentas, de forma que el edificio fuera terminado ya en época del cardenal Don Pedro González de Mendoza, quien incluso pudo contribuir económicamente en la conclusión del proyecto.
Una de las razones fundamentales por las cuales se decidió realizar este proyecto fue sin duda la presencia del Abad de Valladolid por esta villa. Ya se ha comentado como dicho abad debía de tener posesiones en Olivares, muy frecuentadas por él, de tal forma que eso le indujera a pensar que sería muy conveniente ampliar y ennoblecer el edificio religioso existente, acometiéndose las obras.
A finales del siglo XV nos encontramos con que en Italia ya está configurado el Renacimiento, con un estilo que retoma los valores clásicos. Son arquitecturas basadas en la proporción y en la armonía de las partes que la integran, siempre con motivos del repertorio clásico. Sin embargo, en España todavía no se conocía esta nueva manera de pensar. Los modelos arquitectónicos góticos eran los válidos, y seguirán siéndolo hasta principios del siglo XVI cuando al fin se tomen las ideas desarrolladas en Italia durante el siglo XV. A pesar de ello, en ciertas partes del territorio español, sobre todo del ámbito rural, las formas renacentistas no se adoptarán hasta el primer tercio del siglo XVI, ya que en esos momentos se seguían los modelos constructivos del gótico tardío, el denominado estilo Reyes Católicos o Gótico Flamígero, basado en una mayor presencia de los elementos decorativos (arcos conopiales, arcos carpaneles, etc).
Así pues, la iglesia de San Pelayo se inicia según modelos del gótico tardío, si bien estos se adaptan a modelos rurales que nada tienen que ver con la verticalidad de las iglesias y catedrales góticas de los núcleos urbanos.
El edificio se levanta siguiendo el modelo de planta de tres naves, aproximadamente de las mismas dimensiones en anchura, aunque no en altura, siendo las naves laterales más bajas. La altura del edificio es de 14´10 metros hasta el nivel de las bóvedas. La planta tiene un marcado esquema rectangular, roto por la solución del ábside que adopta formas poligonales, y por la sacristía situada en el lado del Evangelio.
A los pies nos encontramos el coro, en alto, accediendo a la parte superior a través de una escalera helicoidal situada en el muro norte. El coro es espacioso, cubierto por una bóveda muy rebajada. Destaca sin embargo el antepecho calado, con algunos motivos mudéjares, aunque su estado de conservación no es el más óptimo. El lado sur del coro queda inutilizado al ser la zona en la que se levanta la torre campanario. Es una torre formada por tres cuerpos, con diferente tratamiento de la piedra en los dos últimos.
Aquí es donde nos encontramos con una de las dudas sobre el edificio, y es que como se puede observar al exterior la torre presenta una decoración de unos simples módulos rectangulares que nos aproximan mucho al estilo herreriano. Si tenemos en cuenta que es una influencia de finales del siglo XVI – cuando Juan de Herrera termina El Escorial – debemos pensar que se trata de una torre levantada en una fecha posterior a la conclusión de las obras de la iglesia, que en cualquier caso no superarían el primer tercio del siglo XVI – teniendo en cuenta que el retablo mayor se ensambló ya a mediados de la década de los veinte de dicho siglo -. Cabe por tanto la posibilidad de que hubiera una torre campanario anterior que, o bien no era lo suficientemente destacable o pudiera haberse venido abajo.
No sabemos si existió con anterioridad una torre campanario antes de la construcción de la actual, aunque realmente no se pueden hacer hipótesis muy veraces teniendo en cuenta que carecemos de los archivos parroquiales del siglo XVI. A pesar de todo, la restauración de la cubierta de la torre en el año 2007 ha sacado a la luz importantes novedades respecto a la construcción de la misma, pudiendo asegurar (como se deducía ya por el estilo posterior del campanario) que es un añadido posterior al gótico. En la página de inicio podeis leer el ARTÍCULO SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA TORRE CAMPANARIO.
La entrada al edificio se sitúa en el lado sur, de forma lateral, algo que viene siendo muy habitual en los edificios religiosos rurales de la zona. Si al visitar por primera vez esta iglesia no supiéramos el estilo de la misma, el arco ojival que se sitúa sobre la puerta de acceso al edificio nos haría ver que la construcción es ya de una fase tardía del gótico.
Es una portada simple, sin complicaciones, formada por una sucesión de arcos apuntados que originan unas arquivoltas decoradas con encadenamientos de motivos vegetales simples y algunas aves. Las bandas de arquivoltas son escasas en número y poco pronunciadas, de forma que la entrada no queda demasiado abocinada. Justo por encima de la puerta un arco carpanel seguido de otro conopial poco pronunciado nos introducen en pleno estilo gótico flamígero. El estado de conservación de las tallas en piedra de esta fachada principal es óptimo, fruto de la especie de pórtico que se crea al disponer el acceso entre dos gruesos contrafuertes, colocando unas vigas entre ambos que sirven para sustentar una pequeña cubierta de madera.
Esto ha favorecido sin duda la mejor conservación de las formas originales, aunque las jambas, sin decoración alguna, son ya añadidos modernos. Por último, y en lo que concierne a la entrada, un motivo floral sirve para rematar la portada, situándose por encima del arco apuntado.
Como ya se ha dicho, el edificio es de un estilo gótico tardío, pero no por ello tenemos que pensar que tiene una gran verticalidad y unos muros abiertos con amplios ventanales – como podía ocurrir en las catedrales góticas españolas del siglo XIII -. De hecho prima el valor estructural, disponiendo unos fuertes muros de piedra con las mínimas aberturas posibles. Son muy escasos los vanos y reducidos, bajo arcos de medio punto y con un ligero abocinamiento Esta disposición da un cierto aire de rotundidad a la iglesia en cuanto a su aspecto exterior.
Los muros son sólidos, pero se consolidan gracias a la acción de unos gruesos contrafuertes que desvían el empuje de las bóvedas y que están situados alrededor de toda la iglesia. A pesar de todo no se abusa a la hora de abrir los vanos ya que el peso de las bóvedas es considerable.
En la cabecera se abrieron varios vanos para poder iluminar la capilla mayor, pero han quedado cegados ya que el retablo plateresco ocupa toda la altura del ábside. En un principio los arquitectos diseñaron estos vanos ya que por entonces no era tan usual el disponer un retablo de tan grandes dimensiones, algo que sin duda era inédito en Europa. De esta manera se ha propiciado que la iluminación de la cabecera sea muy reducida, un problema que ha sido subsanado en la actualidad con la colocación de potentes focos de luz artificial.
La iglesia se levanta sobre sillares tendentes a la regularidad, bien trabajados. Se puede observar como la piedra empleada para la torre tiene un tono de color ligeramente distinto a la piedra caliza empleada para el resto del edificio. Este, se sitúa en una zona elevada, generando un atrio rodeado de gruesos muros de sillares regulares de piedra, que se disponen a lo largo de los lados oeste, sur y este, a diferentes desniveles. Se abren en total tres accesos al atrio, mediante escalinatas de tamaño variable.
Si caminamos por el lado norte de la iglesia, justo a la altura de donde se encuentra la entrada al edificio en el lado sur, podemos contemplar un acceso cegado al templo que nos invita a la reflexión. El arco apuntado que se sitúa justo encima de esta abertura cegada nos informa que nos encontramos ante lo que fuera un posible acceso al edificio. Aparentemente no parece tener mucha funcionalidad ya que se encuentra en desnivel, de forma que si hoy lo hiciéramos practicable habría que salvar un desnivel de aproximadamente dos metros de altura para poder acceder al interior del templo. Hay que pensar no obstante que en su día debió de ser un punto accesible ya que las arquivoltas góticas, con ligero abocinamiento, nos incitan a pensarlo.
Dada su situación se podría llegar a pensar que se concibió como un posible acceso a un claustro, si es que este se realizaba finalmente. Sin embargo, la explicación que parece más convincente es que se trataba de un acceso al cementerio de la villa, situado en la explanada norte de la iglesia. Dicho cementerio se debía extender también por el resto del atrio ya que recientemente – tras las obras de restauración del muro sur del atrio – se han encontrado restos humanos en esta zona.
Volveremos a citar esta zona que vemos en la imagen ya que, como se puede ver en la sección Robo de esta web, fue precisamente por este espacio cegado por donde a finales de enero de 1987 unos delincuentes realizaron un “butrón” y expoliaron del retablo recién restaurado diez óleos sobre tabla, de los 51 que componen este retablo plateresco. Al final se recuperaron 9 de ellos, pero la pintura de la predela que representaba al profeta.
La sacristía, situada en el lado del Evangelio, es un espacio simple y funcional, destacando sobre todo el acceso a la misma, que se realiza bajo un arco conopial de semejantes características al empleado en la fachada principal.
En la actualidad el Cristo de Juan de Juni (del cual teneis información en la sección JUAN DE JUNI de esta web) se ha dispuesto justo encima de esta puerta, tal y como se ve en la imagen.
Los amplios pilares se unen mediante arcos apuntados, y sirven para marcar la separación de los tramos de la iglesia, que son cuatro en total. El crucero no se marca ni en planta ni en alzado. Una peculiaridad es que los tramos de las naves laterales inmediatos a la capilla mayor son más estrechos que los otros tres. En el interior del edificio la piedra se revoca con estuco, decorándose el muro con una imitación simple de sillares, en tonos ocres.
En la actualidad, como os comentaba anteriormente, hay una tendencia a eliminar en dicha iglesia el revoco del muro, no demasiado antiguo, haciendo que la iglesia recupere el aspecto originario, con unos muros de sillares de piedra perfectamente labrados. Aun así, todavía se conserva más del 60% de las paredes de la iglesia tapadas por esas pinturas.
En cuanto a la estructura interior, la cubierta abovedada delata la etapa final del gótico en la que se levantó el edificio. La cubierta es la misma para toda la superficie, siendo de crucería estrellada, presente incluso en la sacristía. Es compleja, con multiplicación de terceletes y ligaduras, sobre todo en la capilla mayor y en el coro.
Son nervios fuertes que generan arcos apuntados, los cuales descansan sobre columnas adosadas a fuertes pilares de fuste cilíndrico. Son un total de seis grandes pilares interiores los que sirven para mantener la estructura del edificio. Poseen unos capiteles sencillos, formados por hojas puntiagudas de una talla sin complicaciones. De todos es sabido que estos tipos de bóvedas estrelladas fueron muy útiles en la etapa final del gótico ya que permitieron poder abrir los muros con numerosos vanos sin peligro de que la estructura se viniera abajo.
En la foto se puede ver la bóveda de crucería estrellada del tramo del ábside mayor, que se acondicionó previamente a los trabajos de montaje del retablo recién restaurado. Se eliminó la capa de cal y la pintura que imitaba los sillares para dejar al descubierto la piedra caliza del templo. Si os fijais en esta foto, en la parte superior izquierda, se ven los arranques de los arcos del siguiente tramo de bóveda que aun conservan esa pintura que os comento.
En cuanto a lo que concierne a las pinturas, tallas y diferentes retablos que se encuentran en el interior de la iglesia se puede hacer la siguiente relación: PRESBITERIO: Es la zona más destacable del edificio, ya que es aquí donde nos encontramos el retablo mayor, dedicado a San Pelayo, obra plateresca del primer tercio del siglo XVI.
LADO DEL EVANGELIO: Destacan las tallas de San José con el Niño, y San Pelayo, ambas del siglo XVIII. De importancia es el retablo de la cabecera paralela al altar mayor. Se trata de un retablo rococó del siglo XVIII, con esculturas de la Virgen con el Niño – talla del siglo XVI, con una excelente policromía del XVIII -, y Santa Lucía (s.XVI). En la parte superior una pintura de la Dolorosa, del siglo XVII. Sin embargo, lo más destacado del lado del Evangelio es una talla de Cristo Crucificado, obra original del maestro Juan de Juni, de hacia 1550. Es una escultura que pertenecía a un retablo barroco del siglo XVIII. Más adelante veremos con detenimiento esta obra, que tras su restauración se puede contemplar de nuevo en Olivares. También pertenece a la parroquia un retablo del segundo cuarto del siglo XVII, con tallas de San Francisco Javier y dos bustos de ángeles, del siglo XVII, y una tabla de la Dolorosa, también de dicho siglo.
LADO DE LA EPÍSTOLA: A la altura del crucero encontramos un retablo rococó del siglo XVIII, con un cuadro de Ánimas formado por San Blas, San Miguel y San Noberto. Hay una buena talla de la Inmaculada. Pertenece también un retablo fechado en 1611, con San Ángelo y San Alberto, una talla de San Sebastián (s.XVIII) y un banco con ocho pinturas sobre tabla, de finales del siglo XVI. Talla de Cristo, de la segunda mitad del siglo XVI.
SACRISTÍA: Pinturas de la Anunciación, la Purificación y la Visitación, del siglo XVII. También pertenece a la iglesia una cruz parroquial del siglo XVII.
A pesar de toda esta enumeración hay que tener en cuenta que no todo se encuentra en la actualidad en la iglesia. Por un lado hay diferentes piezas que se conservan en varios museos de la provincia de Valladolid, y también hay obras que están en pleno proceso de restauración o que han sido restauradas recientemente, como es el caso del Cristo crucificado de Juan de Juni, terminado de restaurar en 1999. Esta pieza fue cedida a la fundación de Las Edades del Hombre para su exposición de Segovia, en el 2003, y como hemos visto en la fotografía ahora está justo encima del acceso a la sacristía. Otro es el caso del Sagrario plateresco del siglo XVI que se ha restaurado a lo largo del año 2005 en los talleres del monasterio de Valbuena.
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