ENCIERROS EN SAN PELAYO 2008

 

Hasta hace muy pocos años, para los que hemos vivido en Olivares casi todos los veranos de nuestra vida, pensar que en el pueblo se pudiera recuperar una tradición tan popular como los toros, en este caso encierros de vaquillas, era algo impensable. Y en cierto modo lo digo con nostalgia al recordar como hace más de veinte años en las fiestas de San Pelayo disfrutábamos de las capeas de vaquillas. Por entonces recuerdo que era solo un chaval cuando en la era que hay detrás de la ermita de la Estrella se agolpaba la gente para ver a los astados. Aquello era muy diferente a lo que hoy en día estamos acostumbrados a ver en pueblos de mucha tradición taurina en esta zona de la ribera del Duero, como en Peñafiel o Tudela de Duero, en Olivares eran festejos menores, pero que tenian en común con los anteriores el hecho de que atraían a gente de todos los pueblos de los alrededores.

Por aquellos años era muy común que hubiera festejos taurinos aunque fuera, como en el caso de Olivares de Duero, en localidades de apenas 400 habitantes. Como decía, estas fiestas se celebraban en la era que hay detras de la ermita, se juntaban galeras pequeñas una a continuación de la otra haciendo un círculo que asemejaba una pequeña plaza de toros. Los laterales de las galeras que miraban hacia el interior de la plaza se abrían y dejaban caer para que las vaquillas no se pudieran colar por debajo, y encima se situaba la gente para ver como todos, jóvenes y mayores, disfrutaban de la energia y picardía de estas vaquillas.

Afortunadamente este año hemos vuelto a recuperar esta antigua tradición, aunque en una modalidad diferente, los encierros de vaquillas, eso si, estas eran vacas pequeñas pero con unos cuernos que imponían, las de hace veinte años eran crias en comparación.

Ya hace unos meses mi amigo Jose Antonio Encinas, uno de los organizadores del evento, taurino a más no poder, me sorprendió con la noticia de que estaban recaudando fondos para hacer unos encierros en el pueblo. La idea no era mala, al contrario, para el pueblo es todo un acontecimiento y una manera de atraer a gente de todas partes para que conozcan Olivares y disfruten de las vaquillas. Y esto realmente se ha cumplido, en este año 2008 he podido ver como algo más de 1000 personas se han acercado a celebrar las fiestas con nosotros gracias a los encierros, algo que hacía años que no veía.

Sin embargo esta iniciativa que surgió entre algunos jóvenes del pueblo requería de mucho esfuerzo, sacrificio y también de mucha participación y apoyo por parte de todos. Una vez que se tenía clara la idea de devolver a Olivares los festejos taurinos había que organizarlo todo, el posible recorrido por las calles, la seguridad, la ganadería que iba a participar, etc. Y lo que es cierto es que para nuestra villa suponía un desembolso económico importante, de ahi que el ayuntamiento se pronunciase a favor del evento pero siempre y cuando los gastos fueran sufragados popularmente, vamos que no soltaba ni un euro. Eso si, se encargaba de preparar las calles del recorrido para que se pudieran poner las talanqueras y tramitaba los permisos y licencias, que no es poco.

Este fue el logotipo con el que se quiso promocionar los encierros, sobre fondo negro la imagen blanca de la cabeza de un toro en el que sobresalen por un lado "Olivares" y por otro "MIL527". El nombre del pueblo no podía faltar, pero las cifras que aparecen merecen una explicación. Resulta que gracias a nuestro historiador particular, Jesús María Pelayo, pudimos saber que en el año 1527 hubo un pleito en el que consta que en la villa de Olivares de Duero se celebraban festejos taurinos. Parece ser que según las normas taurinas actuales (los más entendidos me pueden corregir si no es así) para que un municipio pueda realizar festejos de este tipo necesita tener una tradición de al menos 200 años, aunque en la actualidad no se siguieran celebrando. De ahi la importancia de esos documentos ya que nos permitían organizar el encierro de vaquillas, si bien es cierto que en el pueblo como ya he dicho ya se habían celebrado con anterioridad festejos similares.

La venta de camisetas, vendidas a 8 euros cada una en la Casa del Agapio, ayudó sin duda a sufragar buena parte de los gastos del encierro, y la otra parte provino de particulares y empresas locales y de pueblos cercanos. También es de agradecer al Ayuntamiento de La Parrilla que cedió las talanqueras para proteger al público durante el recorrido. En la foto inferior se ve como quedó la plaza, cerrada a la altura del nuevo ayuntamiento y con protección también para la esquina del bar.

El encierro tenía un circuito cerrado por las calles del pueblo. Las vaquillas saldrían desde la ermita, donde se ubicarían los cajones, y podrían ir por toda la calle Santa María hasta la plaza, girando hacia la derecha para dar la vuelta a la manzana y volver en bajada hasta la ermita. También podían atajar en un sentido o en otro por la calle donde está la "Peña La Atalaya".

Una vez ubicados los cajones junto a la fachada de la ermita se tiraron los tres cohetes de aviso como es tradición y salieron las vaquillas, de una en una, hasta un total de cuatro, de la ganadería de Hermanos Caminero. Las tres primeras vaquillas impusieron algo de respeto entre los corredores, algunos de los cuales se pensaban que iban a ser mas pequeñas. Eso sí, ninguna de las tres corrió tanto como la más pequeña, la rojiza, y que salió la última para los más jóvenes.

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Por último decir que no hubo ningun herido en los encierros, muy limpios y en los que además de carreras pudimos ver algún que otro corte. Espero que todas aquellas personas que el sábado se acercaron a nuestras fiestas vuelvan pronto por el pueblo, y a ser posible que nos veamos para el año que viene en estas mismas circustancias, celebrando encierros de vaquillas.

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